Archivo de la etiqueta: poemas

Ven, no digas nada.

No es infrecuente.

Vivir en el mismo lugar
y habitar mundos tan distintos.
Hablar la misma lengua
pero en tan distinto idioma.
Desear llegar al mismo destino
recorriendo tan disímiles caminos.

Ocurre a menudo.

Así que ven, no hables.
Respiremos –que sí es
el mismo– este aire.

Así que ven, no hables.
Desprendamos y absorbamos
esta calor tan semejante.

Así que ven, no hables.
Compartamos este cúmulo
equivalente de vanidades.

Ven, no digas nada.
Abracemos este instante,
esta discordante armonía.

Detengámonos por un momento
que poco importa pues,
como todo, será pasajero.

NARUMI

vanity ii

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Canas

A los rituales diarios de puesta a punto
(¿para los demás?, ¿para mí?),
̶ supresión de vello no deseado;
falsa coloración de labios y mejillas;
reducción y moldeado de cejas;
extensión y ensanche de pestañas;
sombreado iluminador de párpados
y delineado artificial de la mirada   ̶
he de añadir ahora el arrancado de canas.

Se me ocurrió, para hacer más llevaderos
estos nuevos minutos extra frente al espejo,
tomarme la molestia de honrar a cada una
con la historia de un recuerdo.

Esta, por mi prematura menarquía.
Esta, por mi abuelo: mi primer muerto.
Esta, por mi profesor de Geografía.
Esta, por aquella semana en París,
comiendo en McDonalds y sin dormir.
Y esta, por la decisión que tomé al regreso.

Esta, por la vida universitaria,
los exámenes y los jueves de excesos.
Esta, por el año en el extranjero
y por cada azafata indicando cómo usar el chaleco.
Esta, cuando volví al pueblo.
Y esta, por marcharme de casa,
con sus lavadoras y sus horas de plancha.

Esta, esta y esta,
se fueron tornando blancas
en las incontables horas frente a mis ventanas.

Esta, por las veces que perdí
‘todo mi honor en torno a un tono que no sonó’.
Esta, por apagar la luz de gas, al fin.
Esta, por el silencio y la casada.
Esta, por el silencio y el dolor de barriga.
Y esta, y esta, y esta….ya las imagináis,
para qué rimarlas.

Esta, por algún mito caído.
Esta, por alguna pésima resaca.
Y esta, por tantas concesiones involuntarias.

Por el momento, más historias que canas.
¿Será vivir suficiente para no invertir la balanza?

NARUMI

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Te he visto

Te he visto en la calle reciclando,
en un acto tan cotidiano
que he tenido envidia de
los vecinos que viven enfrente.

Ellos, que no saben quién eres.
Que no es en sus sueños donde apareces.
Y, sin embargo, al asomarse pueden verte.

Te he visto detenida en un semáforo,
en un acto tan cotidiano
que he tenido envidia de
los conductores que te cedían el paso.

Ellos, que no saben quién eres.
Que nunca han vivido contando los meses.
Y, sin embargo, a tres metros te tienen.

Te he visto en el mercado comprando,
en un acto tan cotidiano
que he tenido envidia del
tendero que te estaba cobrando.

Él, que no sabe quién eres.
Que nunca ha esperado tu sonrisa.
Y, sin embargo, qué fácil la obtiene.

Te he visto sentada en un banco,
en un acto tan cotidiano
que he tenido envidia del
libro que estabas hojeando.

Él, que no sabe quién eres.
Que no es más que un objeto inanimado.
Y, sin embargo, lo rozan tus manos.

“Hoy la he visto,
hoy la he visto y me ha mirado”
recitábamos de niños.
Pero hoy ella no me ha mirado.
Ni tan siquiera la he visto.

No reserva para mí
ningún acto cotidiano.

NARUMI

 

womanreadingabook
Woman reading a book, Maria Karalyos

Febrero

Febril y frío.
Fugaz, furtivo.

Da vértigo, febrero.
¿Serán sus dos días menos?
O el ser punta de lanza
entre primavera e invierno.

Da vértigo, febrero.
¿Será porque se disfraza?
De blancos y pálidos grises,
entre algún verde esperanza.

Da vértigo, febrero.
¿Será por su fama de loco?
Con sus días más luengos
y sus noches aún tan frías.

Da vértigo, febrero.
¿Será que nos lo roban?
Como le sucede cada abril
al hombre del traje gris.

¿O será porque es distinto,
diferente, inusitado?
¿O será porque es único,
el más breve del calendario?

O será que cumplo años…

NARUMI

 

febrero

Corres

Para mi amiga M. 
que prometió un hueco
en su pared si le gustaba.

Corres,
como el niño que huye de la tormenta.
Vuelas,
como la hoja caída de un árbol, seca.

Y adonde quiera que llegas, te aferras
como una enredadera.

Saltas,
como las briznas crepitantes de una hoguera.
Resbalas,
como lágrimas en la lluvia, desdibujadas.

Y adonde quiera que llegas, te anuncias
como las garzas.

Tal vez antes de Cristo fueras Cleopatra,
Mumtaz Mahal en la Edad Moderna,
y Audrey o Marilyn en los cincuenta.

En esta vida sólo agua ahora,
ahora fuego. Mañana tierra.
Y siempre este aire que te lleva.

NARUMI

richard butler

Richard Butler

Perfección

Tumbadas en su cama como antes,
la miraba mientras dormía.
Podía ver de cerca la celulitis,
la piel de naranja, sus estrías.
Las venas hinchadas ramificarse
y el vello en la piel que colgaba.
Todas las manchas, irrevocables.

Quería observar su cuerpo de arriba a abajo.
Memorizarlo.
Y que me pareciera feo.
Terrible.
Motivarme lo bastante para no acabar así.
Como si ella hubiera fracasado
en su lucha contra la naturaleza
pero yo aún pudiera salvarme.
Como si fuera posible salvarse.

Sin embargo, solo pude pensar:
“Es perfecto”.
Albergando en su interior
todos esos órganos, glándulas y vísceras
que la mantienen viva
con su minucioso trabajo diario
para que pueda yo mirarla mientras respira.
Aunque ella apenas los cuide,
aunque ella ya no los valore.
Aunque a ella, como a la mayoría,
solo le importe la carne que los envuelve.

Y susurré al oído del que una vez fuera mi casa:
“Tu perfección es tan hermosa…
Consérvala cuanto puedas.
Mantén en marcha la belleza.
No dejes fallar ningún engranaje.
aunque ella ya no te quiera.
No la escuches.
Hazlo por mí.
Que no sabré encontrar la manera
de llenar el vacío que tu perfección deje
cuando desaparezca”.

NARUMI

Crossed Legs, by Joan Semmels
Crossed Legs, by Joan Semmels

A pesar de

A pesar del cansancio.
A pesar de la pereza.
A pesar del frío.

A pesar del día siguiente.
A pesar de la reiteración.
A pesar del hastío.

A pesar de la frivolidad.
A pesar de la mentira.
A pesar del artificio.

A pesar de la mediocridad.
A pesar de lo banal.
A pesar del vacío.

A pesar de la multitud.
A pesar de la ironía.
A pesar del ruido.

Sigo saliendo.

Porque hay siempre un momento,
en un acorde familiar,
en un gesto cualquiera,
en un soplo fugaz
o frente al espejo,
en el que,
por un

i n s t a n t e ,

el orden se invierte
y es mi vida
quien aturde a la muerte.

 

NARUMI

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