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Perfección

Tumbadas en su cama como antes,
la miraba mientras dormía.
Podía ver de cerca la celulitis,
la piel de naranja, sus estrías.
Las venas hinchadas ramificarse
y el vello en la piel que colgaba.
Todas las manchas, irrevocables.

Quería observar su cuerpo de arriba a abajo.
Memorizarlo.
Y que me pareciera feo.
Terrible.
Motivarme lo bastante para no acabar así.
Como si ella hubiera fracasado
en su lucha contra la naturaleza
pero yo aún pudiera salvarme.
Como si fuera posible salvarse.

Sin embargo, solo pude pensar:
“Es perfecto”.
Albergando en su interior
todos esos órganos, glándulas y vísceras
que la mantienen viva
con su minucioso trabajo diario
para que pueda yo mirarla mientras respira.
Aunque ella apenas los cuide,
aunque ella ya no los valore.
Aunque a ella, como a la mayoría,
solo le importe la carne que los envuelve.

Y susurré al oído del que una vez fuera mi casa:
“Tu perfección es tan hermosa…
Consérvala cuanto puedas.
Mantén en marcha la belleza.
No dejes fallar ningún engranaje.
aunque ella ya no te quiera.
No la escuches.
Hazlo por mí.
Que no sabré encontrar la manera
de llenar el vacío que tu perfección deje
cuando desaparezca”.

NARUMI

Crossed Legs, by Joan Semmels
Crossed Legs, by Joan Semmels
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Hoy estuve en tu cueva

A mi tío, con el cariño que da el tiempo.

Hoy estuve en tu cueva (¿o tal vez era un refugio?)
a la que nunca nadie se asomaba.
Era la última habitación de la vieja casa.
La imaginaba tan lúgubre, tan lóbrega, tan fúnebre, como tú.
Siempre temía que aparecieras y miraba de reojo tu puerta.
Porque eras la sombra y yo iba allí por la luz.
Eras el caos y yo iba allí por la paz.
Eras el miedo y yo iba allí por la alegría.
Me turbaban tu voz ronca y tu áspera ironía.

Sin embargo, mucho antes, puede que fuera distinto.
Quizá hubo algunos besos, alguna tarde de regazo,
alguna broma tibia aún, algún día en el campo.
Antes de que tu oscuridad lo llenara todo.
Mucho antes.
Porque recuerdo poco y lo que recuerdo es negrura.

Pero hoy estuve en tu cueva (¿o tal vez era un refugio?)
y entre los muebles desvencijados y la humedad,
entre los trastos viejos y los escombros,
estaban todos tus libros amparados por el polvo.
Cientos de obras: los restos de tu gran naufragio.
Con tu nombre escrito y subrayados con cuidado.
Y a mí me gusta la gente que lee.
Y a mí me encanta la gente que subraya.

Nos imagino sentados en el patio en una noche como ésta, de verano.
El anciano que nunca serás y la adulta que no me diste tiempo a erigir,
charlando de lo mundano y lo divino, reconvirtiendo lo uno en lo otro.
Tú beberías whisky sin hielo y yo ginebra con pijadas.
Me echarías el humo en la cara mientras me enseñabas las estrellas.
Me reiría a carcajadas con tus anécdotas del pasado,
me enamoraría un poco imaginándote joven y guapo.
Y serías de esas personas que dicen cosas así:
– La felicidad es como el agua: si intentas sostenerla entre las manos, se derrama.

Hoy estuve en tu cueva tenebrosa, que era tu refugio,
donde conversabas con Nietzsche y rebatías a Kant.
Donde recitabas a Garcilaso y te reías de Bécquer.
Donde eras el Señor de las Moscas y de los mosquitos.
Un Robinson a la deriva, un Don Quijote demasiado lúcido.
Donde saltabas de un siglo a otro, de uno a otro género,
sin más disciplina que la de forjarte una soledad hosca y húmeda hasta el último día.
Porque nunca te abrazaste a nada que no fuera tu mala suerte.

Ríete con socarronería allá donde te halles, bucanero.
Sigue siendo por siempre el lobo estepario de tu cuento.

NARUMI

light-art-10

Light Art, de Lucea Spinelli.

A los niños

He vivido tantas vidas en mi vida
que si quisiera ponerme a contar
no terminaría jamás.

Fui cuchara larga de madera
perdida en un guisado de ternera.

Fui una mosca despistada en otoño
de la que todos estaban hasta el moño.

Fui una cigüeña viajando a Atlanta
Que se posaba en cada planta.

Fui la bruja mala de la historia
Que recorrió el mundo en su escoba.

Fui científica de insectos raros
que eran buenos pero parecían malos.

Fui una lágrima en un pañuelo
que acabó evaporándose al cielo.

Fui un caramelo para la garganta
que aliviaba la tos y la desesperanza.

Fui la primera línea de un cuento
del que nadie olvidará el argumento.

Fui hoja de pino que libre volaba
de nube en nube, de rama en rama.

Fui animal
Fui florecilla
Fui un poco aire
Y un poco arcilla.

Y tú, ¿dulce niña de ojos marrones?
Y tú, ¿dulce niño de ojos saltones?
¿Qué cosas serás?
¿Cuántas vidas vivirás?

Espero que muchas,
muchas,
muchas más.

 

NARUMI

PRESAGIO

 

insomnia

Vuela sin posarse demasiado en nada.
De un recuerdo de ayer a una esperanza de mañana.
Se remueve, trémula, inquieta, agitada.
De una duda tonta a una duda rara.
Corre despacio sin objetivo y sin pausa.
De un pensamiento a otro que escapan.
Gira corriendo para volver donde se fue volando.
De un recuerdo, a una duda,
de un pensamiento a una esperanza
va cambiando.

Presagio una noche en vela,
Una noche de insomnio,
una noche que se torna poema.

 

NARUMI

 

No coincidían

Un amigo me envió esta preciosa foto de nuestro pueblo en La Mancha (como no podía ser de otro modo) y me pidió que escribiera unas palabras.

fotovicente

No coincidían nuestros horizontes con tus aristas.
Nuestros ojos comían siempre más allá.
El orgulloso gris de tus paredes
combinaba fatal con nuestra risa.
Y el silencio de tus largas noches
nos hacía ruido cada despertar.

Debía estar la música en otra parte.
La gente con gabardina, las luces,
los libros, los buenos amantes.
Y las montañas floridas y el mar.

Nos marchamos en tren un día
y dejaron de pisar tu espalda nuestros pies.
Fuimos Tagore, Kavafis, Sabina,
descifrando atentamente durante años
el camino que traía de vuelta nuestros pasos.

Ahora, se nos antoja elegante tu grisura.
Compramos tu silencio como un bien.
Y se acomodan a tus bordes nuestros ojos.

Quizá va siendo hora de tomar un tren.

NARUMI

VUDÚ

 

Recupero hoy este texto que ha ilustrado mi amiga en este mundo de los blogs, María Míguez. Os invito a que visitéis su página: https://mariammiguez.wordpress.com/

Admiro su manera de decir tanto en tan poco con sus haikiños ilustrados. Y me encanta su fotografía, que deja intuir cómo debe ser la persona que hay mirando detrás de ese objetivo… ¡Muchas gracias, María!

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Cogí un puntiagudo alfiler
para hacerle a la vida vudú.
Pinché los estómagos vacíos
y los recibos de la luz.

Pinché las entrevistas de trabajo grupales
las indecisiones, los duelos, las crueldades
y los síndromes premenstruales.

Pinché la envidia, la arrogancia, la ambición
las fotos con las nuevas novias
y las partidas de defunción.

Pinché los accesos restringidos y las fronteras
el cáncer, el poder, las guerras
y las arrugas que vienen de la tristeza.

Pinché ese punto de la espalda al que no llegas
y no tener quien sí que llegue.
Y tener quien llegue y no pedirle que venga.

Pinché las personalidades sin aliño
la desilusión, el desamor, el conformismo
y las discusiones sin contenido.

Pinché los “pero”, los “y si” y los “ojalá”
las cosas dichas pero no hechas
y las preguntas sin respuestas.

Pero la vida llevaba una coraza,
una armadura, una cota de malla
y le dieron igual mis punzantes amenazas.

NARUMI