Si te quedas callado

Si te quedas callado, puedo imaginarme que eres otro.

El que yo concebí, mi creación.

Uno que tenía tu nombre y llevaba tus camisas

que se peinaba como tú y al sonreír

le asomaban en los ojos las mismas líneas.

 

Si te quedas callado, puedo recordarte tal y como no eras.

Comprobar si tienen memoria las caricias,

si guardan el calor los cuerpos o el frío los pies.

Averiguar si es verdad que no existe el pasado

ni siquiera la sombra de su impronta.

 

Si te quedas callado, puedo improvisar lo que no pasó.

Que necesitaste un duelo creativo

para simular que había valido la pena.

Que te publicaron en una revista

y escribiste cartas a mis cantantes preferidos.

Que me dedicaste un blog.

 

Si te quedas callado…

Pero prefiero que hables y escuchar lo que dices.

Que seas verdad y sea mentira el de antes.

Que nos haga tanta gracia la realidad:

mi locura tenaz y tu terca huida.

Y sean así nuestras carcajadas

la banda sonora de la despedida.

Que pensemos que, si el pasado existe

y su impronta tiene forma,

es de sonrisa.

 

 

NARUMI

Tu primer día

Es tu primer día aquí.

Y ya eres buena.

O mala.

Ya eres gorda.

O flaca.

Ya eres fuerte.

O frágil.

Ya eres rebelde.

O tranquila.

Ya eres glotona.

O desganada.

Ya eres tenaz,

O sumisa.

Ya prefieres reír.

O llorar.

Ya te pareces a mamá.

O a papá.

Ya vistes de rosa.

O de rosa.

 

 

Ya todos de ti tienen una opinión.

Ya fraguan tu personalidad, esa ilusión.

Te deseo mucha suerte en el reparto.

Búscame algún día si quieres

que la deshagamos.

 

NARUMI

Nuestro banco

 

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También nosotros quedábamos en el banco de este parque.

También hablábamos con vehemencia de cómo nos había defraudado un amigo.

Y también nosotros reíamos a carcajadas

entre un pasado más corto que el de hoy

y un futuro más infinito que el de ahora.

También nosotros nos besábamos en el banco de este parque.

También creíamos con fervor que sonrojar a las señoras con nuestras lenguas

era un acto revolucionario.

Y también nosotros juzgábamos imposible

que de alguien más fueran a ser nuestros besos

que en alguna otra boca soñaríamos.

También nosotros nos levantábamos lentamente del banco de este parque

también cogidos de la mano, como para aferrar ese momento.

Y también nosotros caminábamos livianos

entre el sueño que éramos entonces

y el recuerdo en el que nos hemos convertido.

Han colocado una fuente donde estaba nuestro banco.

NARUMI

A los niños

 

He vivido tantas vidas en mi vida

que si quisiera ponerme a contar

no terminaría jamás.

Fui cuchara larga de madera

perdida en un guisado de ternera.

Fui una mosca despistada en otoño

de la que todos estaban hasta el moño.

Fui una cigüeña viajando a Atlanta

que se posaba en todas las plantas.

Fui la bruja mala de la historia

que recorrió el mundo en su escoba.

Fui científica de insectos raros

que eran buenos pero parecían malos.

Fui una lágrima en un pañuelo

que acabó evaporándose al cielo.

Fui un caramelo para la garganta

que aliviaba la tos y la desesperanza.

Fui hoja de pino que libre volaba

De nube en nube, de rama en rama.

Fui la primera línea de un cuento

del que nadie olvidará nunca el argumento.

 

Fui animal, fui florecilla.

Fui un poco aire y un poco arcilla.

 

Y tú, ¿dulce niña de ojos marrones?

Y tú, ¿dulce niño de ojos saltones?

¿Qué cosas serás?

¿Cuántas vidas vivirás?

Espero que muchas,

muchas, muchas más.

 

NARUMI

He sustituido

He sustituido sin más tu sonrisa.

Me he cambiado de pupilas

y me he mudado de mentón.

 

He desautorizado de una vez tu ruido.

Me he cambiado de estrofa

y me he mudado de calor.

 

He remplazado todos tus lunares.

Me he cambiado de dudas.

Y me he mudado de locura.

 

He suplantado a la postre tu olor.

Me he cambiado de miedo

y me he mudado de amuleto.

 

He depuesto al fin tus sombras.

Me he cambiado de certeza

y me he mudado de rareza.

 

Todavía pregunto por ti a veces

a alguna vecina.

Quizá por costumbre.

Quizá por manía.

 

NARUMI

Sólo tú

Temes a la soledad.

Como si fuera algo venidero y no presente.

Como si fuera algo sorteable y no seguro.

Como si no estuviéramos solos ya.

 

Tal vez aún no te hayas dado cuenta.

Pero siempre eres sólo tú.

En cualquier situación.

Cuando estás entre amigos.

Cuando estás en familia.

Cuando haces el amor.

Y cuando estás solo.

Siempre eres sólo tú.

 

Tú percibiendo. Tú sintiendo.

Tú recibiendo información.

Y tú procesándola. Codificándola.

Tú decidiendo qué juicio emites.

Tú decidiendo si emites algún juicio.

Siempre eres sólo tú.

 

Cuando eras un niño sólo eras tú. Más sólo tú que nunca.

Reinando soberano, solo, en tu pequeño mundo.

Cuando vayas a morirte, sólo serás tú. Más sólo tú de nuevo que nunca.

Marchando en un tren, solo, en el que es imposible que viaje nadie más.

 

 

Te detectan un cáncer y eres sólo tú, aunque no vuelvan a dejarte a solas nunca más.

Logras una meta y eres sólo tú, aunque lo celebren contigo.

Te equivocas y eres sólo tú, aunque le quiten importancia.

 

Tú sintiendo, procesando, emitiendo.

Y no hay nadie más.

Los otros sólo son información.

Sensitiva. Sensorial. Semántica

Y siempre privilegiada.

Porque te permiten decidir qué hacer con ella.

Si la digieres o la escupes.

Si la ignoras o la utilizas.

Si la reciclas o la desechas.

Si la entierras o la plantas y la riegas.

 

Sólo tú solo decidiendo en qué conviertes a los otros.

En distractores, con los que fingir que no existe tu soledad.

En potenciadores, a los que abrazar desde tu soledad.

 

NARUMI

 

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Oasis

Anoche apareció en un cuento una abuela de ojos medio amarillos, medio grises.

Y te viniste a mi cabeza.

Iba a lanzarte fuera y continuar leyendo. Pero ahí estaba tu sonrisa jocosa.

Me acordé entonces cuánto hacía que no pensaba en ti. Que no me dejaba recordarte…

Así que cerré el libro para pensarte un rato.

A ti y a tus ojos medio verdes, medio grises.

A ti y a tus rizos organizados, tu gran nariz y tu boca.

De día, llena de malicias y risas. De noche, encogida, vacía de tiempo.

A ti y a tu caminar destartalado pero firme, maltrecho pero resuelto. Con derecho a detener el tráfico a tu paso.

Si me doy unos segundos, aún oigo el descompás de tus tres zuecos.

Y eso que va a hacer tantos años que vivo sin ti como los que viví contigo.

Aquí sigo, donde te quedaste.

Aunque el mundo es más feo desde que no te mira.

Más áspero. Más hosco. Más duro de trasegar.

Quizá nos queríamos tanto porque no nos conocíamos. Sólo nos imaginábamos.

Porque qué sabía yo de tus cimas y tus ruinas. De tus vidas anteriores.

De todo lo que habías sido hasta ser tan poca cosa como mi persona favorita.

De que tu nombre no siempre fue una vieja. Que tu nombre tuvo alguna vez diez años, dieciocho, treinta.

Y qué sabías tú de mí.

Si tu mala última memoria me permitía crear un mundo que sólo podía compartir contigo.

Y me lo inventaba y vivíamos en él durante unas horas.

Y si sospechábamos algo de nuestras realidades, preferíamos no saberlo.

Porque éramos nuestro oasis.

 

Ahora, la que viene a visitarme eres tú.

No te vayas todavía.

Qué prisa tienes, mujer.

No olvides al salir tirar bien de la puerta.

Y vuelve pronto.

 

NARUMI

abuela