Archivo de la categoría: Manchas

Lo que duele

Ven, no digas nada.

No es infrecuente.

Vivir en el mismo lugar
y habitar mundos tan distintos.
Hablar la misma lengua
pero en tan distinto idioma.
Desear llegar al mismo destino
recorriendo tan disímiles caminos.

Ocurre a menudo.

Así que ven, no hables.
Respiremos –que sí es
el mismo– este aire.

Así que ven, no hables.
Desprendamos y absorbamos
esta calor tan semejante.

Así que ven, no hables.
Compartamos este cúmulo
equivalente de vanidades.

Ven, no digas nada.
Abracemos este instante,
esta discordante armonía.

Detengámonos por un momento
que poco importa pues,
como todo, será pasajero.

NARUMI

vanity ii

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Te he visto

Te he visto en la calle reciclando,
en un acto tan cotidiano
que he tenido envidia de
los vecinos que viven enfrente.

Ellos, que no saben quién eres.
Que no es en sus sueños donde apareces.
Y, sin embargo, al asomarse pueden verte.

Te he visto detenida en un semáforo,
en un acto tan cotidiano
que he tenido envidia de
los conductores que te cedían el paso.

Ellos, que no saben quién eres.
Que nunca han vivido contando los meses.
Y, sin embargo, a tres metros te tienen.

Te he visto en el mercado comprando,
en un acto tan cotidiano
que he tenido envidia del
tendero que te estaba cobrando.

Él, que no sabe quién eres.
Que nunca ha esperado tu sonrisa.
Y, sin embargo, qué fácil la obtiene.

Te he visto sentada en un banco,
en un acto tan cotidiano
que he tenido envidia del
libro que estabas hojeando.

Él, que no sabe quién eres.
Que no es más que un objeto inanimado.
Y, sin embargo, lo rozan tus manos.

“Hoy la he visto,
hoy la he visto y me ha mirado”
recitábamos de niños.
Pero hoy ella no me ha mirado.
Ni tan siquiera la he visto.

No reserva para mí
ningún acto cotidiano.

NARUMI

 

womanreadingabook
Woman reading a book, Maria Karalyos

Poema al heredero (V)

Ven ya, que te vamos necesitando
para franquear algunos muros y
enarbolar banderas blancas.

Ven ya, que te vamos necesitando
para reconstruir algunas ruinas
que antaño fueron atalayas.

Ven ya, que te vamos necesitando
para replantar algunos jardines
arrasados por el tiempo y sus talas.

Ven ya, que te vamos necesitando
para redefinir algunas sendas,
en este momento tan desdibujadas.

Ven ya, que te vamos necesitando
para reencontrarnos entre nosotros
y dejar de ser estos desconocidos
en los que hemos devenido.

 

NARUMI

dandelions

Perdónanos

Si el despertador suena a la misma hora de cada día y nos levantamos.
Perdónanos.
Si aspiramos el aroma del café y enlazamos los dedos alrededor de la taza caliente.
Perdónanos.
Si nos damos una ducha entre olores de flores y frutas.
Perdónanos.
Si escogemos un jersey y no cualquier otro y hasta nos perfumamos.
Perdónanos.
Si salimos a la calle y el frío nos arrebola las mejillas.
Perdónanos.
Si cerramos los ojos para sentir el sol a través de nuestros párpados.
Perdónanos.
Si le damos los buenos días a la vecina, al cartero, a las nubes.
Perdónanos.
Si aún podemos bromear con nuestros padres.
Perdónanos.
Si tarareamos descuidadamente alguna canción y la bailamos.
Perdónanos.
Si conducimos mirando el sol ponerse por el espejo retrovisor.
Perdónanos.
Si tenemos hambre y sueño y ganas de hacer el amor.
Perdónanos.
Si cuando llegue el verano, alguna noche nos sentimos eternos.
Perdónanos.

Dicen que cada pérdida conlleva siempre una ganancia.
Y que todo lo que la muerte roza lo convierte en oro.
Es tan difícil que no sé si creerlo posible.
Pero sí creo que sea lo único que pueda dar algo de sentido al sinsentido.

Así que perdónanos si tratamos de honrar un poco cada día tu pérdida.

 

NARUMI

Storm__Thorgerson_Wake_Up_and_Smell_the_Coffee_

La palabra maldita

Te ha tocado.
Te la quedas.
La llevas.

La palabra maldita.
La que todos prefieren no pronunciar.

Porque no es sólo el pánico a la desaparición.
Es los adjetivos que la acompañan.
Y no es sólo la desaparición y los adjetivos que la acompañan.
Es todo lo de antes.

Es el susto cuando escuchas la palabra maldita.
La negación.
La ira.
La tristeza.
La resignación.
Y las pruebas.

Es la soledad de la espera de las pruebas.
Aunque ya nunca te dejen solo.
La inmensidad de tu conciencia durante la espera de las pruebas.
Irracionalmente avergonzado porque te ha tocado.
Porque la llevas.
Repasando cómo podrías haberlo evitado.
Buscando respuesta a los incontestables porqués.

Es la soledad durante las pruebas.
Sintiéndote más tú mismo que nunca.
Precisamente ahora,
que no eres más que un expediente,
un número, una parte de ti en blanco y negro.
Precisamente ahora,
que dejas de ser todo en lo que te habías convertido
para ser sólo un cuerpo.
Uno de asimetrías y colores semejantes al resto.
Uno desnudo de recuerdos.
Un cuerpo que ya no importa cómo se llama
ni qué voces invocaron alguna vez su nombre.
El cuerpo de alguien que aún se emociona
al escuchar “Dust in the Wind”.
Pero que aquí dentro poco importa.
Bajo estas máquinas, en estos pasillos, entre estas batas.
En este mundo paralelo del que ahí fuera
nadie quiere saber nada.
Como si al conocer, uno atrajera la mala suerte.

Es la soledad del final de las pruebas.
Aunque ya nunca te dejen solo.
Cuando te devuelven tu cuerpo y vuelves a vestirlo con su nombre,
y con esa persona que le has ido tejiendo con el paso de los años.
Tu cuerpo, el que ayer censurabas y al que hoy imploras.
Si te saca de esta dejas de beber.
Lo prometes.
Y de fumar y de comer mal.
Y ya no te importarán las imperfecciones.
Y visitarás más a tu madre.
Y encontrarás tiempo para pasear.
Y viajarás a aquella playa.
Y nunca jamás te enfadarás por nada.
Lo prometes.

Es la soledad de la espera de los resultados de las pruebas.
Aunque ya nunca te dejen solo.
Cuando un día te sorprendes envidiando a los pájaros.
Porque tal vez mañana mueran atropellados o se los coma un gato.
Pero los envidias.
Porque hoy viven sin saber nada de la palabra maldita.
Porque no tienen que convivir con el miedo.
Porque no tienen que enfrentarse al susto.
Ni a la negación.
Ni a la ira.
Ni a la tristeza.
Ni a la resignación.
Ni a las pruebas.
Ni a saberse sólo cuerpo.
Ni a la soledad.

A todo aquello que aquí fuera poco importa.
Porque queremos no saber, como los pájaros.
Queremos no saber nada de esa soledad,
siempre que no sea la nuestra.
La miramos de soslayo como a los mendigos desdentados
y, como a ellos, esperamos olvidarla al girar la esquina.
Por eso la palabra seguirá siendo maldita.
Porque preferimos continuar pensando que es algo que le pasa a otros.
Que nuestra irremediable desaparición – otro eufemismo –,
será dentro de mucho tiempo.
Tanto, que esperamos para entonces haberla aceptado.
O, al menos, estar tan cansados que queramos que suceda.

Como nos ocurre ahora con la lluvia,
aunque todos prefiramos los días soleados.

NARUMI

birdsonthebeach

Segundo Aniversario

VIVIR, ya sea intensamente, maravillados por la munificencia de la vida, o a ciegas
MANCHA, duele, quema, ahoga, deja huella, marca
Y A VECES, en ocasiones, que ha resultado ser prácticamente siempre
ESCRIBIR, revelar, dar a conocer, sacar a la luz, poner de manifiesto, compartir
LIMPIA, como el agua, que la suciedad arrastra y, al cabo, siempre algo germina.

Es un exorcismo.

Así, en el segundo aniversario de este pequeño proyecto, que comenzó por la mancha y continúa por la limpieza, lanzo a la corriente las palabras de Flaubert:

¡Adiós!
Surgirán otras pasiones, quizá te olvide
pero permanecerás siempre en el fondo de mi corazón,
porque el corazón es una tierra que cada pasión socava,
remueve y labra sobre las ruinas de las demás.
¡Adiós!

portada

A vosotras

Podría deciros que siento que sea así.
Que ojalá todo fuera perfecto.
Que nada os diera en qué pensar
y que nadie os robara el sueño.

Porque me duele el dolor que os infringís,
ver cómo a diario os fustigáis
con el arrepentimiento constante
y la culpa de la que os acusáis.

Pero no quiero.
Me niego a decir que lo siento.
Como si nada hubiésemos aprendido
en estos tres lustros de duelos.

Así que prefiero gritaros:
¡despertad de vuestro letargo de tristeza!
Desactivaos del modo conmiseración.
Del no sé cómo.
Del no puedo.

Y tened presente nuestra máxima:
vivimos forjando el recuerdo que seremos para nuestras yo futuras.

¿Qué necesitaremos ver cuando volvamos la vista atrás
en busca de fortaleza en nuestra Historia?
Que nos dimos tiempo para averiguarlo
y supimos cómo.
Que nos dimos tiempo para lograrlo
y pudimos.

¿Qué ejemplo queremos ser para nosotras mismas la próxima vez?
Que no nos elijan.
Que nos despidan.
Que nos lo pongan difícil.
Que no vayan las cosas como parecían.
Que no salga como estaba previsto.

Previsto.
No preolemos ni prescuchamos.
No presaboreamos ni pretocamos.
Pero constantemente prevemos.
Y nos preocupamos.

Quiero que veáis y os ocupéis.
Y enterréis ya los pres.
Quiero que reconozcáis,
aunque a veces prefiramos olvidarlo,
que somos responsables de lo que elegimos.
Y que nadie va a venir a salvaros.

Yo misma no puedo lidiar vuestras batallas.
Os ofrezco lo único que siempre os he dado
-aunque hoy sienta inútiles-: mis palabras.
Y mi silencio para escucharos.

Pero la victoria aguarda en vuestras manos.

 

NARUMI

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