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Lo que limpia

Si te quedas callado

Si te quedas callado, puedo imaginarme que eres otro.

El que yo concebí, mi creación.

Uno que tenía tu nombre y llevaba tus camisas

que se peinaba como tú y al sonreír

le asomaban en los ojos las mismas líneas.

 

Si te quedas callado, puedo recordarte tal y como no eras.

Comprobar si tienen memoria las caricias,

si guardan el calor los cuerpos o el frío los pies.

Averiguar si es verdad que no existe el pasado

ni siquiera la sombra de su impronta.

 

Si te quedas callado, puedo improvisar lo que no pasó.

Que necesitaste un duelo creativo

para simular que había valido la pena.

Que te publicaron en una revista

y escribiste cartas a mis cantantes preferidos.

Que me dedicaste un blog.

 

Si te quedas callado…

Pero prefiero que hables y escuchar lo que dices.

Que seas verdad y sea mentira el de antes.

Que nos haga tanta gracia la realidad:

mi locura tenaz y tu terca huida.

Y sean así nuestras carcajadas

la banda sonora de la despedida.

Que pensemos que, si el pasado existe

y su impronta tiene forma,

es de sonrisa.

 

 

NARUMI

Sólo tú

Temes a la soledad.

Como si fuera algo venidero y no presente.

Como si fuera algo sorteable y no seguro.

Como si no estuviéramos solos ya.

 

Tal vez aún no te hayas dado cuenta.

Pero siempre eres sólo tú.

En cualquier situación.

Cuando estás entre amigos.

Cuando estás en familia.

Cuando haces el amor.

Y cuando estás solo.

Siempre eres sólo tú.

 

Tú percibiendo. Tú sintiendo.

Tú recibiendo información.

Y tú procesándola. Codificándola.

Tú decidiendo qué juicio emites.

Tú decidiendo si emites algún juicio.

Siempre eres sólo tú.

 

Cuando eras un niño sólo eras tú. Más sólo tú que nunca.

Reinando soberano, solo, en tu pequeño mundo.

Cuando vayas a morirte, sólo serás tú. Más sólo tú de nuevo que nunca.

Marchando en un tren, solo, en el que es imposible que viaje nadie más.

 

 

Te detectan un cáncer y eres sólo tú, aunque no vuelvan a dejarte a solas nunca más.

Logras una meta y eres sólo tú, aunque lo celebren contigo.

Te equivocas y eres sólo tú, aunque le quiten importancia.

 

Tú sintiendo, procesando, emitiendo.

Y no hay nadie más.

Los otros sólo son información.

Sensitiva. Sensorial. Semántica

Y siempre privilegiada.

Porque te permiten decidir qué hacer con ella.

Si la digieres o la escupes.

Si la ignoras o la utilizas.

Si la reciclas o la desechas.

Si la entierras o la plantas y la riegas.

 

Sólo tú solo decidiendo en qué conviertes a los otros.

En distractores, con los que fingir que no existe tu soledad.

En potenciadores, a los que abrazar desde tu soledad.

 

NARUMI

 

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Siete del mes dos

Hoy nos unirá la distancia.

Tú, en tu ciudad mediterránea.

Y yo, en mi tierra llana.

 

Hoy nos unirá el olvido.

Tú, queriéndolo sepultar.

Y yo, evocándolo una vez más.

 

Hoy nos unirá la soledad.

Tú, culpándome de ella.

Y yo, invitándola a cenar.

 

Hoy nos unirá el calendario,

la agenda, el teletexto,

los titulares del noticiario.

 

Siete

del mes dos

del año aquél.

 

Hoy nos unirá la brecha

que alberga lo que fue y no fue

Tan ancha y tan estrecha.

 

La misma que nos acerca y nos aleja.

 

NARUMI

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Efemérides

Se pasó el aniversario del desaniversario y no escribí.

No fue el olvido quien lo impidió.

La prisa, la urgencia, vivir…, me tuvieron ocupada.

Qué hubiera dicho, de todas formas…

¿Hace un año del dolor de barriga?

¿Hace un año del silencio?

¿Hace un año de la nada?

La gente tiene tendencia a conmemorar hasta lo más nimio.

Son conmemoradictos.

Yo siempre lo he sido.

Como si el recuerdo de algo pudiera impedir su disolución en el tiempo…

Así que este no haber acudido aquí sea seguramente un buen síntoma.

Un síntoma de curación.

Un síntoma de olvido.

Un síntoma de presente.

Quizá sea hasta un orgullo, un motivo de vanagloria.

Así que me enorgullezco, me vanaglorio.

Y sigo.

Porque para el reto aún queda otro mes.

El mes que falta para conmemorar el inicio de este proyecto.

Que será la auténtica efeméride.

 

NARUMI

Para fans

Mi Olvido habita en el boulevard de los sueños rotos, de un pueblo con mar.

En la posada del fracaso, sin consuelo ni ascensor.

Es mal vecino porque hace mucho, mucho ruido. Tanto, tanto ruido.

Le dan las diez y las once y la una tratando de no recordarte.

Y así, tan maltrecho y ajado, lleva ya 19 días y casi quinientas noches.

Yo le recuerdo que para olvidarse de ti hay más de cien motivos.

Pero él no ve más pupilas donde verse vivo y cree que todo son mentiras.

Sin ti se siente febril como la carta de amor de un preso.

Pero deja pasar la tentación, no te llama más y me hace tomar pastillas para no soñar.

Que no funcionan.

Trato de ayudar a mi Olvido con aves de paso, con flores de un día.

Con un amante discreto que se atreva a perderme el respeto.

Bailando alguna vez el rocanrol de los idiotas a la orilla de la chimenea.

Porque yo también sé jugarme la boca.

Pero el azar juega su papel y veo cómo se alejan por la Gran Vía.

Son maestros en el difícil arte de no mojarse bajo un chaparrón.

Peor para el sol y para ellos.

Mi Olvido, con la frente marchita y peinado a lo garçon, sigue desafiando al oleaje.

Luciendo los tatuajes de un “no te quiero querer”.

Quiere marcharse bien lejos y volar deprisa hasta perder su propia sombra.

Pero incluso en estos tiempos hasta las suelas de sus zapatos te echan de menos.

Ahora que sobre mojado sigue lloviendo todavía…

 

Yo no quiero 14 de febrero ni cumpleaños feliz. Ni que mueras por mí.

Quiero dejarte entre tinieblas escuchando un ruido y no tener más ley que la ley del deseo.

Y sin embargo…mi Olvido… debe estar escribiéndote la canción más hermosa del mundo.

 

NARUMI

 

P.D.: No quiero hacerte chantaje, sólo quiero regalarte un blog.

Antesalas

 

sueno-con-abismos

Mis sentimientos son como mis reglas: primero duelen y después sangran.

Y cuando están sangrando ya no duelen.

Porque la antesala de la pérdida duele más que la pérdida misma.

Esa antesala es como el abismo que siempre se repite en nuestros sueños.

Sabemos que basta con lanzarse al vacío para que de pronto la vigilia nos salve de la pesadilla.

Pero nos paraliza el pánico y los pies no se mueven.

Y el sudor es cada vez más frío.

 

Antes de la pérdida uno ya sabe que está perdiendo.

Que cuando empieza a perder es casi imposible recuperar.

Como la caída del cabello.

Pero ese casi, ese erizado y punzante casi, tiene la culpa de que no saltemos.

Y quedamos pendientes del casi como un hilo deshilachado de un vestido de verano.

Meciéndonos entre la sombra de la pérdida y la esperanza.

 

Tras la pérdida, en cambio, uno ya está ganando.

Gana el contacto de su piel con las sábanas y con la realidad.

La consciencia de los sentidos y sobre todo de los sinsentidos.

El ruido de los cacharros del desayuno en la cocina.

Y la sensación de hambre.

 

Es por eso que estar perdiendo duele pero no duele haber perdido.

 

Porque siempre hay hambre cuando una pérdida acaba.

El hambre de saber que es un nuevo día, sin abismo y sin casi.

 

 

 

NARUMI

Comparaciones

Comparas constantemente a tus hijos.
María no es tan lista, ¡pero es tan dulce!
Lucía, en cambio, es muy inteligente…Aunque es más huraña.
Como si tú diseñaras los criterios de la inteligencia y de la dulzura.
Como si tú supieras si es huraña con todo el mundo o solo contigo.

Si a Rubén se le dieran las matemáticas tan bien como el fútbol…
Claro, si tú le hubieras inculcado la misma pasión por las matemáticas que por el fútbol…

Martina saca buenas notas en el colegio, pero le cuesta más que a su hermana.
Y tú, serías mejor padre si te hubieras enterado que los “peros” sobran, que anulan.

Alicia es más guapa pero la mayor tiene mejor tipo.
Qué manera de arramblar con las dos de una sola estocada…Bravo.

Pedro es más bajito que su hermano y eso que es el mayor.
Ha debido ser una mutación genética, claro. Porque todo el mundo sabe que por tener más años tienes que ser más alto, por eso la gente de ochenta años mide tres metros.

Julio se parece a nuestra familia. Mientras que Santiago es clavadito a la familia de su padre.
Porque todos no somos familia, claro. Ni el matrimonio ni los hijos tienen ese efecto de consanguinidad.                                                                                                                                             Es mejor convertir el parecido familiar en un arma arrojadiza entre vosotros.
Fíjate que son hermanas y una tiene el pelo rubio y la otra no.
Y claro, rubio es más bonito. Porque lo dicen en la tele. Así que una tuvo suerte, la otra no.

Antonio es muy espabilado pero Pedro es más dócil.
Antonio recibe el mensaje de que no es bueno ser espabilado y que prefieres a Pedro porque te da menos problemas.
Pedro recibe el mensaje de que su hermano es más listo que él y le envidia.

Comparas a tus hijos como si ellos necesitaran pertenecer a categorías.
Esa necesidad la creas tú.
Comparas a tus hijos como si ellos necesitaran un punto de referencia para medirse.
Esa necesidad la tienes tú.
Más. Menos. Mejor. Peor. No tanto. Demasiado.
Les pones etiquetas como si estuvieran a la venta.
Y seguro que a veces te dan ganas de venderlos de segunda mano.
Cuando no se ajustan a tus criterios.
Cuando, tras años intentándolo, se te escapan de las categorías que querías para ellos.
Comparas a tus hijos, fomentando la competitividad entre hermanos.
Y luego te molesta que discutan, que se chillen, que parezca que se odian.
Porque rompen tu escasa paz.
Pero no se odian.
Ellos nunca se odian.
Porque son más listos que tú.
Saben que no es su hermano o su hermana, que no es el elemento comparativo quien hace la comparación.
Saben que eres tú.
Y te odian.
A ti.

Hasta que caigan en la misma trampa.

 

NARUMI

comparaciones