Todas las entradas por vivirmancha

Ya han escrito

De la muerte diaria del sol que, a su caída,
torna en negras de los árboles las ramas.
Ya han escrito.

Del susurrante viento, que uno quisiera que
se lo llevase todo y jamás arrastra nada.
Ya han escrito.

De la misteriosa luna, que a su cita nunca falta
como una amante que se ha acabado enamorando.
Ya han escrito.

Del idilio que es tan sólo una mirada.
De la noche oscura del alma.
De que la vida es sueño.
Ya han escrito.

De tus ojos marrones, que me llaman.
De los cantos esquivos de las sirenas.
De los anhelos en las noches en vela.
Ya han escrito.

De los cuerpos a la intemperie del tiempo.
De los días de vino y rosas.
Del arte de perder.
Ya han escrito.

Del aroma roto de un recuerdo.
De las ausencias bienvenidas.
De la soledad y del exilio.
Ya han escrito.

De lo corto que es el amor
y lo largo que es el olvido.
Ya han escrito.

De qué podría escribir yo
en esta noche de agosto fría
si de todo cuanto mancha,
si de todo cuanto limpia,
si de todo cuanto ocurre en el orbe y
en el corazón de quienes lo habitan,
ya han escrito.

NARUMI

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Mi vecina

Cuando mi vecina se mira al espejo siempre ve a otra mujer reflejada.

Una de rostro pálido y avejentado, del que solo sabe que no le agrada.

Mi vecina no recuerda dónde vivimos ni el nombre de sus padres.

Y donde debería aparecer el suyo sólo hay una gran nube blanca.

Está convencida mi vecina de que nunca tuvo hijos y de que

esos niños no son sus nietos, por más que los obliguen a besarla.

A mi vecina le gusta escuchar la radio cuando ponen música.

Tanto, que ya solo pronuncia bien las palabras cuando canta.

Pero lo que más adora mi vecina es la tortilla de patatas.

Aunque solo si él se sienta a la mesa y le ayuda a masticarla.

 

Porque a él sí lo conoce, de él sí que se acuerda.

 

No tiene nada claro cómo ha llegado hasta aquí, hasta ahora.

Pero sabe que se llama Cariño y que siempre la lleva de la mano.

Y mi vecina le besa y le besa, mientras los demás la miramos raro.

Ella le besa en casa, por la calle y en el súper.

Cuando él conduce, cuando cocina, ella le besa.

Y si a veces él suavemente se aparta, mi vecina, con insistencia,

comienza a estirarle de la camisa las arrugas que no lleva.

 

Cuando cae la noche me pregunto: mi vecina, ¿cómo sueña?

¿Sigue siendo en sus ensoñaciones una existencia sin alma

o vuelve a ser la mujer de siempre durante el sueño pero

es incapaz de recordarlo cuando despierta por la mañana?

 

Anoche, mientras ella lo besaba alegremente en la cara

escuché cómo Cariño con voz queda le decía:

“Eres una gran aficionada a los gestos cotidianos”.

Y mi vecina con la mirada perdida, imagino, asentía.

“Me alegra que al menos tú encuentres algo de paz

en esta irrealidad que, por no abdicar, llamamos vida”.

 

Ella lo besó y él a ella.

 

NARUMI

 

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Así debe ser

Para E. y J.P. 

 

Como el aroma a pan tostado, a sábanas limpias, a palomitas.

Como dejarte el pelo mojado mientras preparas la cena.

Como besar una boca templada que sabe a café.

Como el verano de los dieciocho años.

Como hallar el verso que te falta.

Como un atardecer en agosto.

Como beber sin prisa.

Como la lluvia.

 

Como escuchar los acordes de tu canción preferida.

Como llamar a casa para decir que has llegado.

Como juntar monedas en un tarro de cristal.

Como abrir un libro por la primera página.

Como venirte a buscar al aeropuerto.

Como la arena entre los dedos.

Como comprar entradas.

Como desnudarse.

Como el mar.

 

Así

debe ser la vida

cuando has encontrado

a la persona con quien quieres compartirla.

 

 

Inocentes

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Tengo una amiga que siempre dice:

“Qué pena que deban morir inocentes para ganar guerras…”

Creo que le gusta la palabra “inocentes” porque ella es muy dulce

y creo que le gusta la palabra “ganar” porque también es ambiciosa.

Y es que hay gente que ama determinadas palabras igual que ama a determinadas personas: sin saber muy bien porqué ni hasta cuándo.

Mi amiga nunca utiliza esta frase en sentido literal.

Jamás hablamos de conflictos armados ni nada que esté relacionado con política.

Porque, de hecho, con esta amiga solo hablo de amor y de arrojo,

como hay gente con la que uno solo habla de los otros, del tiempo o del precio de la fruta.

Y las guerras a las que hace referencia mi amiga no son más que simples batallas,

como acostarse con alguien, un inocente cualquiera,

para acelerar la carrera del olvido de un amor más relevante.

Aunque más de una vez las inocentes cualesquiera hemos sido nosotras

y las guerras las han ganado otros.

Por eso sabemos bien qué significa esta frase.

 

NARUMI

 

 

Caminos

Son mis arrugas surcos transitados por las dudas.

También la tristeza serpenteó estas curvas

y tuvo como compañera de senda a la melancolía.

 

Repetidamente me bronceó la desilusión la tez:

de quien nunca vino, de quien se fue para no volver.

Dejé esas ausencias que quemaban mis huellas

a ambos lados del viejo camino de tierra

junto a las renuncias, las traiciones y las quimeras.

 

Temí mil veces correr la suerte de Edith

si cedía a la tibia tentación de mirar atrás:

olvidar lentamente el sabor de la dulzura

y que cada poro de mi cuerpo emanara sal.

 

Mil y una veces volví el rostro pero jamás el paso.

Y en ese continuo caminar sin descanso me hallo

pues la brisa el amargor acaba siempre borrando.

 

NARUMI

 

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Hoy estuve en tu cueva

A mi tío, con el cariño que da el tiempo.

 

Hoy estuve en tu cueva (¿o tal vez era un refugio?)

a la que nunca nadie se asomaba.

Era la última habitación de la vieja casa.

La imaginaba tan lúgubre, tan lóbrega, tan fúnebre, como tú.

Siempre temía que aparecieras y miraba de reojo tu puerta.

Porque eras la sombra y yo iba allí por la luz.

Eras el miedo y yo iba allí por la alegría.

Eras el caos y yo iba allí por la paz.

Me turbaba tu voz ronca y tu áspera ironía.

 

Sin embargo, mucho antes, puede que fuera distinto.

Quizá hubo algunos besos, alguna tarde de regazo,

alguna broma tibia aún, algún día en el campo.

Antes de que tu oscuridad lo llenara todo.

Mucho antes.

Porque recuerdo poco y lo que recuerdo es negrura.

 

Pero hoy estuve en tu cueva (¿o tal vez era un refugio?).

Y entre los muebles desvencijados y la humedad,

entre los trastos viejos y los escombros,

estaban todos tus libros amparados por el polvo.

Cientos de obras: los restos de tu gran naufragio.

Con tu nombre escrito y subrayados con cuidado.

Y a mí me gusta la gente que lee.

Y a mí me encanta la gente que subraya.

 

Nos imagino sentados en el patio en una noche como esta, de verano.

El anciano que nunca serás y la adulta que no me diste tiempo a erigir,

charlando de lo mundano y lo divino, reconvirtiendo lo uno en lo otro.

Tú beberías whisky sin hielo y yo ginebra con pijadas.

Me echarías el humo en la cara mientras nombrabas las estrellas.

Me reiría a carcajadas con tus anécdotas del pasado,

me enamoraría un poco imaginándote joven y guapo.

Y serías de esas personas que dicen cosas así:

– La felicidad es como el agua: si intentas sostenerla entre las manos, se derrama.

 

Hoy estuve en tu tenebrosa cueva, que era tu refugio,

donde conversabas con Nietzsche y rebatías a Kant.

Donde recitabas a Garcilaso y te reías de Bécquer.

Donde eras el Señor de las Moscas y de los mosquitos.

Un Robinson a la deriva, un Don Quijote demasiado lúcido.

Donde saltabas de un siglo a otro, de uno a otro género,

sin más disciplina que la de forjarte una soledad hosca y húmeda hasta el último día.

Porque nunca te abrazaste a nada que no fuera tu mala suerte.

 

Ríete con socarronería allá donde te halles, bucanero.

Sigue siendo por siempre el lobo estepario de tu cuento.

 

NARUMI

Quién

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Quién le explicará ahora al viento

que ya no tiene que agitar tu pelo.

Quién le dirá a los árboles en flor

que ya no vas a probar sus frutos.

Quién le confesará a las aguas

que ya no van a verte desnudo.

Quién le pedirá ahora a los pájaros

que dejen de ensayar para ti su canto.

Quién le descubrirá a las verdes hojas

que ya no vas a contemplar sus tangos.

 

Díselo tú al viento

conversa con los árboles y las hojas tú.

Confiésale la verdad al agua

y adviérteles tú del vacío a los pájaros.

Que yo no tengo valor para defraudarlos.

 

Que si por mí fuera

estaríamos con el viento charlando

comiéndonos de los árboles sus frutos

desnudándote en el agua mientras cantan los pájaros

y bailan las hojas su danza.

 

NARUMI