La luna

Testigo de añorados deseos

que tornan en tercos desvelos.

Testigo de incipientes besos,

sin prisa, sin pausa, sin credo.

Testigo de lágrimas a deshora,

de amantes que aún se adoran.

Testigo de jóvenes ilusiones,

de viejas conocidas evocaciones.

Regenta sin trono la noche

y a ella nadie la conoce.

 

NARUMI

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