Manchas

No me conoces pero te duelen mis manchas. Querrías que las borrase sin frotar.

Seguramente te gustan tan poco porque te recuerdan a las tuyas.

Y es que en las manchas nos parecemos todos.

Si yo puedo borrarlas, tú puedes borrarlas.

Por eso quieres que yo las limpie.

No te conozco y me duelen tus manchas. Porque a ellas las conozco.

Y es que en las manchas nos conocemos todos.

 

Me gustaría decirte que tus manchas, y las mías, se irán cerrando los ojos,

soplando un diente de león,

apagando una vela,

deshojando una margarita,

hallando un trébol de tres hojas

o con el paso de una estrella fugaz.

 

Pero estos quitamanchas son del todo a cien: nunca funcionan.

 

No puedo decirte qué borra las manchas pero sí quizá qué las difumina.

A veces es una canción.

A veces, un poema.

Un dibujo, a veces.

 

A veces es una pregunta inesperada.

A veces, una respuesta trasparente.

Un silencio cómplice, a veces.

 

A veces es una sonrisa extraviada.

A veces, una carcajada espontánea.

Unos ojos que sonríen, a veces.

 

 

Y siempre es el tiempo.

 

 

 

NARUMI

 

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